Once es uno de los barrios más jodidos de Buenos Aires: allí el bullicio del comercio al por mayor y menor y el apuro de sus multitudes pasajeras se mezcla con la venta, la prédica, el robo ambulante y al menos una docena de acentos o lenguas reconocibles, hasta formar una masa homogénea y única.Once es el escenario de la teleserie argentina Mosca&Smith, donde dos detectives de policía con más estilo que recursos luchan contra el crimen, siempre y cuando no anden de putas.
Tiene una estética setentera kitch y muy cuidada, a lo Starsky&Hutch (claro), pero que resulta totalmente criolla. La puesta es escena tiene momentos realmente jugados (cinematográficos por decirlo de alguna forma), la fotografìa destaca el estilo de esta teleserie con salpicones de mirada documental. Encima, Mosca&Smith muestra suficientes culos y tetas, tetas como para que el público masculino en masa se enganche. Los personajes, sus vestuarios y caracterización en general son lo mejor de esta serie, los actores unos capos (a mi sencillamente me enamora todo lo que hace Fabian Vena). El desarrollo de sus aventuras es dinámico, inteligente, y transita desde lo políticamente incorrecto hasta lo decididamente vulgar.
Este es un picoteo del primer capítulo, en el que Melchor Mosca y Carlos Smith deberán resolver un asesinato en el cine porno de la calle Ecuador.
Tiene una estética setentera kitch y muy cuidada, a lo Starsky&Hutch (claro), pero que resulta totalmente criolla. La puesta es escena tiene momentos realmente jugados (cinematográficos por decirlo de alguna forma), la fotografìa destaca el estilo de esta teleserie con salpicones de mirada documental. Encima, Mosca&Smith muestra suficientes culos y tetas, tetas como para que el público masculino en masa se enganche. Los personajes, sus vestuarios y caracterización en general son lo mejor de esta serie, los actores unos capos (a mi sencillamente me enamora todo lo que hace Fabian Vena). El desarrollo de sus aventuras es dinámico, inteligente, y transita desde lo políticamente incorrecto hasta lo decididamente vulgar.
Este es un picoteo del primer capítulo, en el que Melchor Mosca y Carlos Smith deberán resolver un asesinato en el cine porno de la calle Ecuador.
Mi primer nombre, Rosa, siempre me ha parecido horrible, ¿Conoce usted a algún Clavel Martinez o a un tal Helecho Ramirez, acaso? No, la frescura, el dulce aroma y la belleza del maravilloso mundo vegetal se exigen a la Rosa, la Violeta o a la Margarita, nunca al Juan, al Pepe o al Carlos. A ellos desde el bautizo les tienen permitidas las ojeras de sus malas noches, oler a chivo cuando lo amerite su varonil esencia, o ser feo como el oso porque en el hombre resulta sabroso.
