
La varicela a los 32 , en vacaciones de fin de año, es un ejercicio de humildad y paciencia, una verdadera “prueba del Señor” (que el muy cabrón me hubiera podido tomar por escrito, como dijo Woody Allen en La última noche de Boris Grushenko). No es solo el dolor de cabeza y la fiebre que no dejan ni dormir, ni los planes postergados, ni la desagradable constatación de que uno se ha convertido en un foco infeccioso, sino todas esas malditas llagas que te convierten en el doble de Linda Blair. Pero ya me siento mejor y las ronchas se están yendo para dar lugar a unas casi adorables cicatrices que serán la prueba de fuego de mi nueva base correctora.
En mi accidentado contacto con Ecuador veo que han cambiado muchas cosas, hay dos nuevas provincias, el himno Patria está de moda, tenemos un canal y un periódico estatales, y el presidente puede que termine siendo una decepción, pero es bien canchero y el más guapo de la región de largo. Mis amigos se casan o tienen hijos, hacen posgrados, dejan las drogas, van al gimnasio, tienen proyectos. En Guayaquil el ambiente está más politizado que nunca, el gordo cualquier cosa dice “anticonstitucional tu actitud man”, y la novia le dió un chirlazo a Pinky por hablar mal de León pero él mantuvo dignamente su postura. Las cosas han cambiado, y quien quita que sea para bien.
Y a mi el estancamiento y la inmadurez me atacan en forma de enfermedad eruptiva e impaciencia, adornada con frases como “pero eso solo le da a los niños!”, “qué pena que no puedes venir a la playa”, “no te rasques que te queda marca”, “hasta cuándo vas a estar contagiosa?”, “qué pena que te perdiste la fiesta”, “cuándo te vas?”, “no re rasques!”.
Pero al menos tengo aire acondicionado, internet y televisión por cable, me traen la comida a la cama y encima he bajado 5 libras. Cuando recupere mi libertad voy a estar más flaca y reflexiva, y los días van a pasar volando. Apenas voy a alcanzar a aburrirme, a sentirme rara, solitaria. Cuando empiece a extrañar Buenos Aires voy a estar embarcada en el avión. No ha estado tan mal la varicela. Quien quita y en el 2009 me salen las muelas del juicio.

2 comentarios:
Estoy de acuerdo; la varisela es una mierda. Pero me alegra mucho que que este de regres, ya extranaba la lectura JJ
Varicela, 32 anos, Guayaquil, vacaciones?
No se si debería haber leído este post a 39 días de volver a Guayaquil ;)
Saludos.
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